
Una imagen recurrente que tengo en mi mente desde hace un par de meses es la de un ahogado flotando en el mar. Tétrico, pero una realidad. Y hace unos días buscaba información en el Museo Smithsonian (luego les contaré la razón) y allí encontré esta foto de una escultura de un tal Benjamin Paul Akers, que se llama “The Dead Pearl Diver” o “El Buzo de Perlas Muerto” y sentí como que era el momento de hablar sobre las pesquerías de perlas en el Noroeste de México y de incluso tratar las leyendas de los buzos de perlas Yaqui, incluyendo la de “El Mechudo”.
Pero, antes de tocar el tema de las leyendas y mitos, hablemos de hechos y datos.
Las Pesquerías de Perlas en Baja California Sur y Sonora
Las pesquerías de perla en el Noroeste de México dependían principalmente de los buzos Yaqui del Estado de Sonora. En la época en que aparece la leyenda de “El Mechudo”, muchos de los Yaqui de Sonora se encontraban en calidad de “alzados” en contra de los Gobiernos de Sonora y México. El Presidente de México –el General Porfirio Díaz- ordenó la captura de los Yaquis alzados para hacerlos trabajar en las haciendas del estado de Yucatán…y es de aquí que proviene el nombre de este sector de Guaymas, Sonora, que se conoce como “la Yucatán” y que era el lugar donde se mantenía a los Yaquis capturados para posteriormente enviarlos a Yucatán. Este sombrío periodo de la historia regional y nacional se conoce como la “Guerra del Yaqui”. Otros tantos Yaquis eran enviados a los armadores de pesca de perla en la Baja California. Estamos pues, en el período que marca el fin del siglo XIX y el inicio del XX.
En esos años, la pesquería de perlas era una parte importante de la economía de Baja California Sur y algo menor en la de Sonora (que se encontraba ya más desarrollada), aunque la mayor parte de los ingresos terminaba beneficiando a unas cuantas familias: las de los armadores. Los buzos obtenían trabajo, recibían malos tratos y esto un ambiente de trabajo peligroso.
Ante esta situación, es fácil entender la gran enemistad que existía entre estos dos grupos de mexicanos: los “blancos” (o “Yoris”) y los Yaquis. Asi pues, los encargados de manejar a los buzos no permitían que los Yaquis tuvieran ningún tipo de arma con la cual les pudieran atacar: un cuchillo era algo impensable. ¿Cómo se protegían los buzos de el ataque de algún animal marino? Algunas fuentes mencionan que se armaban con un suerte de “estaca” de madera, pero aparte de los tiburones realmente no hay depredadores de humanos en las zonas donde se buceaban perlas asi que es muy probable que no utilizaran ningún artefacto de defensa; sin embargo Vicente Calvo menciona varios de los peligros que afligían a los buzos de perlas en Sonora en los 1840’s:
…pero las Mantas, arrojándose sobre de ellos (los buzos) de golpe, los comprimen contra el fondo y los ahogan en pocos minutos.
Aunque la verdad: yo no creo que esto último sea posible. Nunca he visto una manta-raya realizar este tipo de maniobra, pero si un buzo realmente creía en esto, podría ser presa de un “ataque de pánico” y ahogarse al encontrarse frente a una manta-raya.
La Pesca de las Perlas se llevaba a cabo con una embarcación “nodriza” de la que descendían varios pequeños botes, cada uno con 2 a 4 hombres, y que así lograban abarcar la mayor área de pesca posible en un “placer” o “banco” de perlas. Los buzos vestidos apenas con un taparrabo se lanzaban al mar desde la embarcación, algunos ayudados con piedras amarradas para llegar rápidamente al fondo. De esta actividad podemos ver un poco al ver la clásica película mexicana “La Perla” en este video que contiene unos cuantos segmentos de la misma (alrededor del minuto con 25 segundos):
Historia de la Perla en México
Los buzos descendían a profundidades entre los 2 y 26 metros para encontrar los bancos de ostras perleras. En ocasiones el agotamiento físico causado por la pesca continua (buceaban por hasta 6 horas diarias) y la falta de agua y alimentos (¿acaso creías que los buzos recibían una adecuada alimentación?) provocaba que algunos perdiesen la conciencia y se ahogaran.
Nuevamente tenemos la descripción de Vicente Calvo sobre la pesca de perlas en Sonora (y hago especial hincapié aquí, ya que muchas personas creen que solamente la Baja California tuvo una pesquería importante de perlas):
Comienza la pesca en junio y concluye en octubre, empleándose en ella dos o tres embarcaciones de 40 a 60 toneladas cada una. A principios de noviembre principian a llegar estas embarcaciones en el Puerto de Guaymas…el tiempo regular que se mantienen los buzos bajo del agua es de minuto y medio, sin embargo en tan corto tiempo cada uno saca de una sambullida muchas ostras.

La pesca de perlas en el litoral Sonorense comenzaba cuando las aguas se calentaban lo suficiente para los buzos y se detenía cuando esta se enfriaba. El Golfo de California es un mar sub-tropical, por lo que tenemos grandes diferencias de temperatura entre el verano (con 32 grados Celsius en superficie) y el invierno (ya hemos registrado hasta 12 grados aquí en Bacochibampo). Desgraciadamente, este periodo de pesca también coincidía con la época reproductiva de la “Madreperla” (Pinctada mazatlanica), por lo que los efectos de la pesca eran doblemente nocivos sobre las poblaciones de esta ostra.

Otra descripción interesante de Vicente Calvo menciona que:
Todos los buzos sienten al principio de cada tarea a salirles sangre por las narices, lo que consideran como buena señal, y siguen con más contento la tarea, que no dura más de seis horas.
Y esto nos remite a otra referencia sobre las penurias asociadas a la pesca de perlas, pero en esta ocasión realizada por un Teniente inglés de nombre R.W.H. Hardy, quién en 1825 visitó varios puntos dentro del Mar de Cortés –incluido Guaymas- y que realizó un buceo en busca de perlas en la bahía de Mulege, y quien menciona:
En mis primeros intentos solo pude descender unos 6 pies, e inmediatamente me veía obligado a salir a superficie, pero posteriormente pude bajar hasta los 3 o 4 Fathoms; a esta profundidad la presión del agua es tan grande sobre los oídos que solo lo puedo puedo comparar con que alguien the introduzca violentamente un pico de hierro en este órgano…me aseguraron que tras el “estallamiento de los oídos” –como le llamaban al fenómeno los buzos- ya no tendría ninguna dificultad en descender a cualquier profundidad;
Esta era realmente una profesión riesgosa en muchos sentidos, ya que los buzos exponían la vida y su salud…en los casos citados vemos que el cuerpo del buzo es sometido a un sangrado de nariz y el estallamiento de los tímpanos. Un riesgo muy similar –pero en estos tiempos- practican los buzos de Bahía Kino y Guaymas para la obtención del preciado “Callo de Hacha”, aunque ahora se posee equipo más moderno (hookah) y que permite que los buzos alcancen profundidades aún de mayor riesgo.

La Leyenda de “El Mechudo”
Esta es probablemente una de las historias o leyendas que más me gustan de las referentes a las pesquerías de perlas en México. Es una leyenda muy mexicana (y estamos en el mes patrio de Septiembre) y muy de Sonora y Baja California Sur.
Ahora bien, ya se ha descrito bastante esta leyenda en varias otras fuentes, incluyendo en el Blog de mi amigo Benjamín Arredondo, autor de mi Blog favorito “El Bable”. Sin embargo, creo que hay cosas que habría que reconsiderar dentro de esta leyenda, reinterpretarla de forma que tenga mayores tintes de realidad…y ¿a que me refiero con esto? Detalles que hacen que la historia sea irreal en algunos puntos, pero que con un re-enfoque de la misma se puede tornar en una verdadera historia.
Bueno, mucho hablar de la pesca…y nada de la leyenda. Esto es lo que menciona Fernando Jordán sobre un lugar cercano a La Paz, B.C.S., que se conoce como “Punta el Mechudo”:
Al suroeste de la isla San José y a 12 km de la bahía La Amortajada, se encuentra un placer que a fines del siglo pasado era un buen productor de perlas, y en el cual se reunían cientos de buzos todos los años. Al final de cada temporada, antes de que el frío y los vientos del noroeste hicieran imposibles las maniobras de buceo, los pescadores acostumbraban sacar una última perla “para la Virgen”. En cierta ocasión, un buzo se disponía a tirarse por última vez al mar, cuando alguien, advirtiendo el intento, le gritó:
-No bucees más. Ya tenemos la perla de la Virgen.
El pescador, irónico, hizo un gesto de desdén, y respondió con burla:
-Yo no voy por la perla de la Virgen, voy a buscar una para el diablo.
Y se lanzó al agua.
Satanás le tomó la palabra, y el pescador no reapareció ni las aguas devolvieron su cadáver. El lugar ahora es un tabú y nadie va ahí a buscar perlas. Quienes lo han hecho, encontraron en el fondo al fantasma del buzo blasfemo, a quien le ha crecido una enorme cabellera y una lengua barba. Parece vivo, y en sus manos sostiene una enorme concha de madreperla. Es la perla del diablo, dicen; y como el fantasma lleva cabellos largos se le ha dado el nombre de El Mechudo y a ese lugar punta Cabeza Mechuda.
Fernando Jordán, El Otro México. 1967
Esta es básicamente la versión oficial de la leyenda…que como habrás visto también se conoce como la “Leyenda de la Perla del Diablo”. En la siguiente entrada de este Blog desglosaremos bien la leyenda y le daremos un vuelco a la misma.
Por cierto, si te interesan las historias y leyendas de la Baja California, puedes visitar la página del Ayuntamiento de La Paz, donde encontrarás buen material. Haz clic aquí si te interesa.
¡Hasta la próxima!
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